El solista es un tanque de Hollywood realizado por un británico. Mucha guita encima, la Universal, la Dreamworks. Y un director joven,
Joe Wright, conocido por
Orgullo y prejuicio y por la linda adaptación de
Expiación.
Jamie Foxx, que ya tiene un Oscar encima, y
Robert Downey Jr., que volvió a ser una estrella sin polémicas sobre sus volcadas. Y
Catherine Keener, eterna y maravillosa actriz de reparto, estampita de cierto cine
indie o de autor.
El solista es una película muy dispar (además de bastante aburrida). Uno de esos biopics de superación personal, pero con muchos ingredientes que suman. Por sobre todo, trae a los pobres, a los sin-hogar, a los marginados de Los Angeles al celuloide hollywoodense (amid-crisis). Quizás por estos pagos estemos más acostumbrados, pero difícilmente recordemos una película americana en la que los desplazados aparezcan sin estar organizados en pandillas. Aquí tenemos locos, deformes y pordioseros, y no son encantadores, ni tiran golpes bajos.
La película tiende al realismo para contarnos a los personajes, sus entornos y relaciones, sin embargo se tira para el otro lado a la hora de relatar algunos procesos interiores del solista. Y a veces sale bien. En
la escena del ensayo de la sinfonía no. 3, Wright nos retrotrae a un cine de otra época (jugando con las luces y los colores) y el resultado es muy agradable. Pero la construcción, que junto al preciso Downey Jr., hace del periodista es de una moderación admirable (una mediana entre el ególatra exitista y el buen samaritano).
Me imagino que es un film con muchas manos y tijeras encima, que nos dieron una película de cinchada.
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