
Es una porquería. Una hora y media de diálogos de cuarta, que no le llegan ni a los talones de la pluma chispeante del Tarantino de Perros de la calle, Tiempos violentos o Asesinos por naturaleza. Unos veinte minutos de una persecución de autos bastante espectacular y entretenida. Y un despliegue de truquitos y rituales tarantinescos (música retro, errores de montaje clase B y excesiva auto-referencialidad) que se agotan en la repetición, pero encantan a los fanáticos. Esto es A prueba de muerte, o una forma de ver si uno es 'a prueba de Tarantino'.
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