Rudo y Cursi, de Carlos Cuarón
Buena película para el verano: Rudo y Cursi. No recuerdo otra que registre el mundillo del fútbol en Latinoamérica desde el punto de vista del jugador. Allí está todo: el potrero, la fama veloz, los contratos malditos, la ingenuidad, la pobreza y la riqueza, los gatos, las botineras, las apuestas, las drogas, los managers, las camionetas, los barras, la ranchera (o cumbia o el género que corresponda, según el país), la prensa, las concentraciones, los DTs, las cometas, las hinchadas, los huevazos, las puteadas en la cancha, las buenas rachas, las malas rachas y la suerte.Pero no es otra película solemne sobre el ascenso y caída de un astro, sino que todo está tomado con excelente humor. Rudo y Cursi es un partido fresco, construido a través de diálogos creíbles y con buen ritmo. Allí se revela sumamente divertida: Gael García Bernal, Diego Luna y Guillermo Francella forman con muy buena química el trío del delantero que le gusta la cantada, el arquero que se desvive por el juego y el caza-talentos sudaca tan dispuesto a ayudarlos como a explotarlos.¿Qué mejor que Pepe Argento para componer al simpático manager medio garca que marca las historias del Rudo y el Cursi? Sin embargo, el relato en off de este fanático de Racing en algunos tramos se escucha poco convincente, poco desarrollado, falto de algo o redundante. Quizás es un estigma de Carlos Cuarón, guionista y director, quien también había metido ese, por momentos, incómodo o forzado locutor en Y tu mamá también.Se nota que detrás está la maquinaria del otro Cuarón, de González Iñarritu y de del Toro. La producción es impecable y la estética acarrea ciertas huellas de la publicidad mexicana. Pero afortunadamente eso no la vuelve tediosa, ni le quita el encanto. Al contrario, le suma color y solidez narrativa.Veremos qué tal le va. Pareciera que tiene la bendición del Gauchito Gil: que aparece en esta película estrenada el mismo día en que el santo pagano era homenajeado por 200.000 personas en Argentina (hallazgo de Ger).

