
Una película que no traza nuevos caminos, aunque no aburre ni molesta. Poca construcción de personaje, diálogos disparatados e inverosímiles resoluciones del argumento (y el consecuente déficit actoral: ni Hugh Jackman, ni Ewan McGregor, ni Michelle Williams, ni Charlotte Rampling salvan conversaciones imposibles). Marcel Langenegger no escapa a ciertos vicios publicitarios y cae en relatos y descripciones excesivas. El engaño parece las migajas de un Hollywood en crisis.








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