Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, de Steven Spielberg
Después de años en los que aparecieron bodrios como Tomb raider o Piratas del caribe: el cofre del hombre muerto. Steven Spielberg, George Lucas y Harrison Ford nos devuelven las aventuras por las aventuras, la melancolía del Hollywood fastuoso pre-internet y verdaderas razones para despilfarrar millones y millones de dólares en efectos especiales.En Indiana Jones IV dan un salto (necesario) en la vida del arqueólogo hasta 1957, a los tiempos en que la realidad estaba marcada por el terror desmedido frente a la 'amenaza comunista' (una difamatoria cacería de brujas, pruebas nucleares, juegos de espionajes) y la ficción se plagaba de la fe en la vida extraterrestre.Con ese telón de fondo, el viejo Indiana Jones y compañía realizan todo tipo de acrobacias, descifran acertijos arqueológicos, se pelean con armas blancas, armas de fuego y a puño limpio, y se estremecen ante la fauna menos amistosa. El final es un camelo total, algo que es tradición en la saga.Los diálogos (o el guión entero) pueden ser tildados de absolutamente ridículos, pero Spielberg se vuelve a dar el lujo de narrar una seguidilla de aventuras sin querer darle un aire solemne al regreso personaje (algo que parece estar de moda y que a veces no queda bien).


Como detalle me dio gracia la forma en que retrataron a Nazca y a los peruanos, totalmente fantasioso respecto de cómo es esa ciudad/pueblo ahora. Pero es típico de Hollywood.