Como tienden a hacer los totalitarismos, la Venezuela de Chávez impulsa con fuerza la producción cinematográfica nacional. A través de Pan y Cine y el Santo llegué a un interesante artículo del Washington Post enfocado en los proyectos de la Villa del Cine (abierta en 2006). Soy de los que suelen estar en contra de este tipo de gastos de gobierno, que bajan línea, enceguecen, idiotizan y, en general, vienen acompañados de intolerancia hacia otras miradas.
Copio un fragmento:
Aureliano Alfonso, director de arte de Villa del Cine, concedió que sería difícil hacer películas que arrojen una luz negativa sobre la sociedad venezolana. Probablemente no habrá una versión venezolana de la obra maestra brasileña ‘Ciudad de Dios', una violenta película sobre las pandillas de traficantes en Río de Janeiro.
Alfonso, que sin embargo ve un gran potencial en Villa del Cine, dijo que le preocupa que los estudios puedan concentrarse demasiado en películas políticas, como ha sido el caso en el pasado en América Latina.
"Creo que el Villa del Cine necesita abrirse mucho más, mostrar sus criterios y sus temas sobre la manera de hacer películas", dijo.











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