Zodíaco, de David Fincher
Con Zodíaco, el realizador de Pecados Capitales vuelve al género policial, pero casi abandonando el subrayado suspense de anteriores producciones. Fincher (del que no soy un gran seguidor) exprime una historia intrincada (un caso real, relatado en una novela), llena de datos y de nombres, y obtiene una película de excelente ritmo y con un buen manejo de los enfoques narrativos. Así, las más de 2 horas y mucho de película se vuelven perfectamente digeribles. La puesta en escena funciona al ritmo de la narración, y la dirección de arte se destaca por no destacarse (no hace un desfile de cada época). Llaman la atención algunos planos extraños intercalados en el medio del filme (como el que muestra la construcción de un edificio o la toma del Golden Gate); sospecho que tiene que responder a algún ente de promoción turística de San Francisco.
Por sobre todo, Fincher extrae media idea. El género es casi parodiado en Zodiaco. Varios lugares comunes del policial son considerados y abandonados por una visión, para mi, más realista (y que, creo, puede generar cierta empatía con los espectadores argentinos). La policía y la justicia americana no tiene, en Zodíaco, la celeridad, organización y recursos a los que estamos acostumbrados por el cine y las series de TV. Fincher habla de burocracia a través del ridículo. Pero también son repensados y parodiados los clichés del periodista, del sospechoso, de las escenas de secuestro (la escena del asesino y la pareja junto al lago, una de mis preferidas). Por eso, creo que está muy bien convocado el elenco, dentro del cual se destaca la actuación de Mark Ruffalo.
Así que si se esperan una película en los estándares que promete su trailer, no vayan; si no, se disfruta.

