El Gran Truco no puede estar mejor puesto, el título. El engañado es el espectador. Pero a la vez es el advertido. ¿Cuál es el Gran Truco? ¿El de Alfred? ¿El de Danton? No. El gran truco es el de Michael Caine. La película cuenta una historia contada en un diario, referido en otro diario, que lee otra persona. Pero, ¿quién cuenta la película? ¿Quién nos dice "Presten atención", desde el principio? Michael Caine. El es el que cuenta la historia de principio a fin. El engañado, el espectador. El espectador que se desvive por descubrir si un mago engañó al otro, o viceversa, no quiere aceptar dónde está la verdadera magia de la película.
El verdadero engaño es que todo es un gran cuento, que nos concentramos mucho en ser los primeros en descubrir sus vericuetos, pero no reflexionamos que estamos espectando una gran mentira, contada por Caine/Nolan. La magia del cine es ser hechizados de manera tal que cambiamos verdad por verosimilitud y lo disfrutamos. E insisto, los magos/hollywood nos dicen: "dejanos que te engañemos, porque si mostrásemos lo que ocultamos, saldrías decepcionado".
La decepción de muchos quizás vino por descubrir que eran gemelos o que el otro se duplicaba, pero en el fondo, fuimos nuevamente engañados, condenados mágicamente a pulular por el espectro de lo verosimil. Y eso nos encanta. Y por eso volvemos al cine.
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